Memorias

A lo largo de mis cortos años de vida,
A través del paso del tiempo,
De experiencias marcadas en mi memoria,
Y de muchos recuerdos imborrables.

Mis ojos han visto miles de horizontes,
He visto tierras cubiertas en tonalidades verdosas,
Árboles tan altos que mi vista no alcanza,
Y que me han cubierto con su sombra imponente.

Mis pies han pisado suelos desconocidos,
Algunos llenos de cultura e historia,
Otros llenos de asfalto y modernidad,
Fríos, húmedos, calurosos y áridos.

He sentido el frío del invierno atravesar mis ropas,
Y la lluvia helada hacer temblar mis manos,
Me he sofocado con el calor asfixiante del verano,
Y soportado rayos de sol inclementes sobre mis hombros.

He recorrido ciudades inmensas y agobiantes,
Donde los rascacielos empañan la naturaleza,
Mis pulmones han respirado el humo toxico de los carros,
Embriagándome de modernidad y progreso.

He disfrutado de playas hermosas e inhóspitas,
Donde Dios pinto de azules sus aguas,
Formando contrastes maravillosos e impresionantes,
Coronados con el poniente al caer la tarde.

He visto ríos, mares, océanos, lagunas,
Calles, avenidas, autopistas, esquinas y veredas,
Montañas, valles, planicies y llanos,
Imponentes obras maestras creadas por Dios.

He andado en autos lujosos y modernos,
Y en otros humildes e incómodos,
En trenes, buses, metros, taxis y aviones,
Buscando siempre algo nuevo por conocer.

Mis oídos han escuchado variedad acentos,
Provenientes de muchos idiomas y dialectos,
Tratando de descifrar cada palabra,
Para poder darle sentido a esos momentos.

He tenido el privilegio de viajar en primera clase,
Y ser atendido por mujeres de sonrisas hipócritas,
También me he sentado en la cola del avión,
Sintiendo el fuego sofocante de la cocina.

Mi cuerpo ha descansado en camas gigantes,
Enmarcadas en los mejores hoteles hechos para complacer,
También he dormido en pequeñas bolsas,
Sin espacio para movimiento alguno.

Mi paladar se ha deleitado con sabores exquisitos
Con platos creados en restaurantes de altura,
Y ha degustado típicas comidas locales,
Elaboradas amorosamente con humildes manos cansadas.

Hoy, cuando mis ojos admiran una vista abrumante,
Lejos de mi tierra y mis raíces,
Me doy cuenta que todos mis recuerdos y experiencias,
Se ven pequeñas e insignificantes en este momento.

Porque hoy, mi único horizonte esta en sus ojos,
No hay tonalidad más perfecta que la de su tez,
Y solo sus manos me dan la sombra ideal,
Para mi cuerpo cansado de rodar y caminar.

Descubrí que no hay mejor cama,
Que la de un sofá a solo metros de su cuerpo,
Y no hay mejor transporte,
Que ir apretado junto a ella sintiendo su piel.

No hay sabor ni comida que se compare,
A las papas asadas hechas con la habilidad de sus manos,
Después de un día difícil,
Sintiendo el apremio de la despedida.

Tampoco hay acento ni idioma mas claro,
Que la melodía de su voz retumbando en mis oídos,
Ese tono dulce y delicado,
Que me llena suavemente de calma y tranquilidad

No hay paisaje ni vista más hermosa,
Que la de su rostro rebozado de ternura,
Mirándome con sus ojos llenos de pasión,
Llenando mi alma de la más infinita felicidad.

Hoy, entiendo en mi mente y en mi corazón,
Que he dado inútilmente vueltas por el mundo,
Buscando bellezas y experiencias inolvidables,
Cuando toda la felicidad y la hermosura,
Estaba a solo minutos de mi propia casa,
Esperando simplemente ser descubierta,
Por mi espíritu incansable de explorador constante.

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